Hace no demasiado tiempo dije que no me dejo llevar por modas. Yo reseño las cosas cuando me sale de los Cojones Alquímicos, y la razón de eso es que es la única manera en que uno se siente unido a su circadiano devenir en este extraño armazón de carne, hierro y esencia que es el Universo. Escribir de MEDICINA hacia atrás en este blog es como intentar llegar a un Bosón de Higgs a partir de un Menhir. Tendría que pasar por Viaje a 800, Mind!, Atavismo, Híbrido... en definitiva, un enlace llevaría a otro y esto se transformaría en una suerte de Escheriano texto insoportable, así que voy a evitar en la medida de lo posible tirar de mi faceta abuelo cebolleta. Lo mejor es enlazaros al texto del Málaga Psych Fest donde los vi por última vez en directo. De ahí hacia Turboácido solo tenéis un pasito y os encontraréis en la rampa de salida inversa, anti-temporo-peristáltica que os pondrá la Genealogía Medicinal en orden.
Dicho lo cual, Las Formas de Ondas está grabado por Alberto R. González (guitarra y voces), Master José Pot Moreno (bajo, sintes, mellotron, trompeta, melódica y voces) y Simon Vandamme (batería), sin olvidarse nunca de la necrofigura inexpugnable de David R. Donoso que sigue teniendo su pequeña participación en la música en forma de efecto adverso medicamentoso de esos que salen a largo plazo. La grabación / mezcla es en Ciegos de Sonido Estudios por José Ortega mientras que la masterización corre a cargo de Jack Endino (Grey River). Simon Vandamme se encarga de la portada (fotografía de Miguel Rayon) y la preciosa edición en vinilo, que suena absolutamente impecable es de SPINDA RECORDS en colaboración con Not On Label y Loop Records.
El sonido de MEDICINA bebe muchísimo del Noise Rock noventero, del Psych más calmoso y los inicios del Grunge; algo así como una teratogénica amalgama de elementos que flotan dispersos / aleatorios a priori pero que inexorablemente gravitan en torno a un campo magnético que, dándole tiempo, uno averigua que tiene un patrón (como un eco doppler o el zurcido de un mantel letón) más que evidente en el que cosas como Loop, Low, Spacemen 3 o Spiritualized conviven en ecosistema perfecto con esa psicodelia áspera de Dungen o la electrónica más vaporosa a base de voces ultra triposas que, no puedo evitarlo, me lleva a Ulterior (2001) de Lagartija Nick o si me pincháis un testículo con una chincheta, a Su (1995) pero sin tanta ponzoña ruidista porque aunque no lo parezca, MEDICINA suenan jodidamente elegantes. Hay suciedad y detritus y saben explotar esa faceta en forma de microexplosiones aceleradas motórik (Hawkwind más que alemán, todo sea dicho) pero al final siempre exuda el minimalismo preciosista de unos músicos que llevan en esto mucho, pero que mucho tiempo. Estoy hablando de "Muerte con Dignidad" y perdonad que haya empezado por donde no debo. Mellotron, amalgama de sonidos en Muzak en una aceleradísima pesadilla urbana que puede recordar también a los 713ºAmor menos alienígenas.
Otro apartado, las letras. Medicamentos, esencias y efluvios. Nanofarmacología anti capitalismo, jeringuillas con los números borrados de tanto uso por donde fluye a través de agujas con bisel romo líquidos de color blanco esperma. Poesía y abstracciones sinusoidales de geometrías no euclidianas, falso bienestar químico y todo lo que cabe en una probeta sentimental. Si queréis que os de un consejo a modo de `guía de escucha´, poned vuestra atención auditiva en el punzante sonido del bajo y dejad que el resto de los instrumentos os vengan atraídos por gravedad al Centro de vuestra Consciencia. Así lo notaréis (fuerte, duro y en el pecho) en la apertura con "La Eterna Lucha" de oleoso tempo que te mece en una melodía de la guitarra que irrumpe desde atrás pero cortando espacialmente en una sensación de `despegue´ fabulosa. El bajo, absolutamente magistral, se adapta a la percusión creando matrices sencillas como redes cuando lo precisa, o zurciendo volutas de pebetero para que la dualidad en las voces espectrales (una más muerta que viva, la otra más viva que muerta) vaya soltando sus homilías sedoanalgesiantes. ¿Puede un lanzallamas soltar su flama con lentitud?
Pues por lo escuchado, parece que sí porque esto arde en los tímpanos como plúmbeo magma. Lánguidos teclados flotantes ponen los adornos necesarios sin alardear, simplemente creando atmósfera. Rock espacial de toda la vida, con toquecitos Indie Pop a las voces en la pegadiza "Robots" que invita al bailoteo con la base rítmica en modo machacón. Pedaleras incandescentes para un corte que recuerda a la faceta más agria de Hawkwind en los 80 tardíos. Para cerrar la Cara A, la distorsión a las guitarras sube un nivel (repetitiva, en loop y cuasi marcial) con "Dulce Magnetismo". Un altar sonoro a los años 90 puesto en un escalón de polígono industrial, manchado de orines y cuyo desnivel acaba en una de esas alcantarillas infectas que no llevan a ningún sitio. Por cierto, sin querer hacer vivisecciones innecesarias, habría que hacer estudio sociológico sobre la influencia de los mil veces a reivindicar Les Rallizes Dénudés pero ya lo dejo para otro Kali Yuga.
"Carrete de Amor Aparente" practica una forma de acidez más dura. La batería suena durísima y vuelve a invocarse el espiritu del Noise Rock granaíno de los Lagartija, sobre todo en esa forma tan característica de cantar (imperativa, angular, imperiosa) mientras que la música gravita en torno a circuitos circulares. Un trallazo corto pero intenso, cuyo reverso tenebroso y contrastado es "Informe del Primer Amor" donde se vuelve a los ámbitos oníricos del inicio del disco, incluso con toquecitos crepusculares y desérticos a Los Natas. Parones, tempo lento, tonos pesadillescos en espiral que semejan esos efectos ópticos en los que parece que hay movimiento en lo estático (o viceversa) pero entroncándolo con el sonido.

Todo parece centrifugarse en notas caleidoscópicas que escuches por donde las escuches (arriba o abajo, derecha o izquierda), cuando aplicas tu plena atención las captas en `el centro´ justo delante de ti, virtud que se desarrolla de manera excelsa en "Vilo", sacado de la excelente caja `Grados. Minutos. Segundos´ (2021, Spinda Records) que por motivos económico-tubulares no poseo y, si mis datos no son erróneos, esta es una versión ligeramente diferente de aquella (con Maese Donoso, `a más viejo más hermoso´ a la batería) Brutal píldora musical sublingual y de largo el tema más abstracto y ácido del disco, heavy psych en estado puro, con letanías vocales que vuelven a recordarme a Los Natas aunque, y ya para meterme de lleno en el último corte del álbum, "Especialmente Yo" recuerda en lo vocal a su otro proyecto (de los argentinos digo) Ararat. Se sale de los surcos literalmente el amigo Poti en esta adaptación de "Especially Me" de Low. Eso sí, letra adaptada en este bondage sonoro ultra lento como un viaje medicalizado en el parque de atracciones opiáceo más cercano.
Un descenso a los abismos benzodiacepínicos de la tolerancia, de las dosis techo y las alucinaciones auditivas en forma de tribales percusiones que repiten `ad nauseam´ mientras la literatura ketamínica se despliega todo su esplendor. Rotura del espacio / tiempo, cópula en el vórtice de la singularidad, burbujeo del bajo y pastoral tránsito de instrumentos como la melódica que ejercen de Bardo Thodol porque, no en vano, una de sus traducciones del tibetano es
LA LIBERACIÓN POR AUDICIÓN EN EL ESTADO INTERMEDIO.
https://medicina.bandcamp.com/
https://spindarecords.com/products/medicina-las-formas-de-ondas




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