jueves, 27 de agosto de 2026

RUNE CLAUSEN - "ANOTHER DAY IN PARADISE" (OMINOUS SOUNDS, 2026)

Sigue inexorable el avance de ediciones del recomendadísimo sello Ominous Sounds del que os traigo hoy su sexta referencia; nada más y nada menos que el artista noruego RUNE CLAUSEN que, activo bajo diferentes pseudónimos (Clausen, Strawberry King...) y tras su paso breve por bandas (Positive Vandalism) con sonido más de corte gótico británico y similares, cambia diametralmente de onda a partir más o menos de 2017 con lo que es Mannen Faller (editado por Feral Delight y Katuktu Collective), primer álbum de electrónica, Ambient y grabaciones de campo en colaboración con Anders Brørby. Témpanos de Harsh Noise y Dark Ambient para un álbum que manifiesta la particular obsesión del artista por la naturaleza viva y empleando sonidos de pájaros, `leit motiv´ emocional recurrente que irá caminando en mayor o menor medida en todo lo que iría saliendo posteriormente.

Ya bajo el nombre de Rune Clausen sale Tones Jul (Forwind, 2019) que comparte además con el anterior la masterización de James Plotkin y al que le siguen Before Your Birth / After Your Death (Shimmering Moods Records, 2021), Svartor (en cassette, otra vez Plotkin y por Kakuktu Collective en 2024) y finalmente el reciente Made From Ashes (Grubenwehr Freiburg, 2026) junto a Mads Henning JensenVincenzo De Luce (aka V_DL)... Así hasta llegar a Another Day in Paradise, álbum que os presento en todo su esplendor y que este sí que poseo y toco ahora mismo físicamente entre mis manos gracias a la cortesía del insigne sello de la leyenda Juan Carlos Toledo (Hiemis) que lo edita en un precioso Digipack limitado.

Y digo esto porque lo primerísimo que me llama poderosamente la atención es la ruptura radical de diseño de portada con respecto a anteriores referencias del sello, cosa que tiene todo el sentido del mundo porque Clausen es fotógrafo y muestra sus dotes en una poderosa composición que tiene tanto de sombría como de elegante y Folk (portada e interiores), alejándose bastante más del tono fulcanéllico y `fantástico´ para entrar en terrenos más espirituales. 

En lo técnico, Fredrik Winderen Owesen aporta sonidos a algunos cortes y James Plotkin masteriza un disco que modela como barro sonoro y que le sienta a la perfección a una música que parece invocada más que tocada: `After years of alienation, I slipped into a state where relevance no longer applied. Dead and deep in the forest, surrounded only by what belonged there. Strangely familiar artifacts emerged among the trees, as if they'd been waiting for me to see them. The precision of these objects evoked a sense of presence, and for a moment, I felt part of everything´

Piano espectral sombrío y ominoso para abrir el disco con "I'm On Fire", pequeña coda minimalista que parece radiada desde un lugar perdido o un recuerdo de color sepia, continuándose de manera muy orgánica con "Nothing's Gonna Change My Love" donde un motivo cuasi cinematográfico se va rodeando de pequeños impulsos percusivos evocando parajes inhóspitos; muy curioso el toque electro synth sutil que se mezcla a placer con un inteligentísimo Ambient que huye de elongadas e inamovibles notas propias del estilo para ofrecer algo más dinámico, cargado de motilidad y de cierto cariz Badalamentiano. Muy acertado los `glitches´ en forma de ruido autolimitado que aportan atemporalidad y defectos consentidos que unido al resto barnizan la música como si de eventos muertos se tratara. Dicho de otra manera, un mariposario sonoro para oyentes vivos (y muertos).


"Don´t You Forget About Me" arranca con un sostenido Drone ultra apocalípico que hiela la sangre, y embarrado en una subcapa de Noise que barre cualquier atisbo de `limpieza´ en el sonido, lo que para mí es todo un acierto. Una melodía de teclado muy enterrada pugna por respirar bajo la espesa capa de fango cuasi sinfónico que me recuerda muchísimo a proyectos soterrados de Funeral Drone Doom como los de Stjin Van Cauter (Until Death Overtakes Me, Beyond Black Void....), pasando como un suspiro y contrastando con la espectral "True", cargada de experimentación a los sintes en la elaboración de un retablo con adornos Kosmische, elemento que en más o menos cantidad va a ir repitiéndose en los prácticamente 35 minutos que dura el álbum.

Y bueno, ya que hablamos de estilos realmente es difícil de catalogar la música de Rune Clausen porque tiene también partes que evocan tanto la música de Cámara nórdica (aunque sin llegar a la catarsis de los compositores Islandeses) como ramificaciones al Dungeon Synth no por la simpleza, sino por la sensación de que cada corte podría meterse en forma de intros / outros dentro de los discos más recientes de Burzum. Hablo por supuesto de andamiaje y estructuras, no de cosas patentes fáciles de detectar en primeras / casuales escuchas.


Grabaciones de campo procesadas en "I Wanna Dance" caracolean con cierto sincretismo místico sonoro. Pulsos Carpenterianos copulan con los momentos más lúgubres de las ideaciones musicales de Lynch como si nos estuviésemos bañando en plena noche en una cascada psíquica de agua eléctrica malsana, imbuida de putrefacción electromagnética y bajo una luna amenazante de luz séptica. Ni un resquicio para la alegría deja Clausen y así lo demuestra con "Don't Worry Be Happy", otro pequeño `score´ que por momentos parece meterse de lleno en los primeros Tangerine Dream. Voces sampleadas llegan en forma de nostálgicos recuerdos que son difuminados como caras que ya no recordamos o momentos que a pesar de ocurrir, hemos ido deformando por la pátina del tiempo. 

Hipnótico y breve pero cargado de cierta belleza que cambia de manera radical con la homónima "Another Day in Paradise", puro y duro Dark Ritual Ambient que tras la entrada de la voz eclosiona en exabruptos muy metálicos bordeando el Industrial Noise de corte más oscuro que aporta un tono de dureza considerable al disco. Cierra el círculo nuevamente el piano casi desnudo en "Holiday". Melodía reproducida mediante serotonina analógica cuyas sinapsis amplificadas suenan acuáticas. Acuáticas como un mar de serotonina calmo, de abisales profundidades donde yacen ignotos recuerdos amnióticos y porosas catedrales de huesos genealógicos que no se borran sino que se transforman. Mar de líquido cefalorraquídeo y lágrimas salobres sepultando entelequias hasta el fin de los tiempos.

Discazo.