TRÍO MUDO
DE AZCONA A FONOLLOSA, VIVIR Y SOBREVIVIR EN EL REALISMO COTIDIANO
Ineludible la figura de Rafael Azcona (1926-2008) en el guión de películas como La Escopeta Nacional, El Pisito (1958), El Verdugo (1973) y muchas otras, y sobre cuya figura no creo que se precise presentar demasiado. Compañero generacional de escritores afines como Ignacio Aldecoa (creo que El Fulgor y la Sangre, al igual que Como el Viento Solano son máximas representantes del neorrealismo literario que tan bien redlejara la sociedad (rizando el rizo, urbana en Azcona, rural en Aldecoa) y que sirve de punto de partida para esta maravilla a la que asistí ayer dentro del entorno del MaF, ese cúmulo explosivo de actividades culturales englobadas dentro del Festival de Cine de Málaga, y en esta ocasión en una acogedora sala del MIMMA.
Sólo a un alma inquieta y sensible como la de Antonio Acién (713ºAmor) se le ocurriría hilar cual hilo umbilical los múltiples detalles de los guiones de Azcona con el poemario maldito, acre y visceral de Jose María Fonollosa (Barcelona, 8 de agosto de 1922-7 de octubre de 1991), suerte de Pessoa cañí y brutalmente denostado, desgarrador, olvidado y como casi siempre en estos casos, reivindicado póstumamente.
Antes de progresar, creo que para definir bien la psique de Fonollosa sirve a la perfección el poema encontrado tras su muerte (imagino que su último escrito) que dice tal que así:
`No a la transmigración en otra especie.
No a la post vida, ni en cielo ni en infierno.
No a que me absorba cualquier divinidad.
No a un más allá, ni aun siendo el paraíso
reservado a islamitas, con beldades
que un libro garantiza siempre vírgenes.
Porque esos son los juegos para ingenuos
en que mi agnosticismo nunca apuesta.
Mi envite es al no ser. A lo seguro.
Rechaza otro existir, tras consumida
mi ración de este guiso indigerible.
Otra vez, no. Una vez ya es demasiado.´
(Fotografía cortesía de DAMIÁN FERNÁNDEZ)
Posiblemente capta este texto a la perfección el modo de ser del poeta. Pues bien, en un espectáculo titulado `Los 100 de Azcona. 'De Azcona a Fonollosa, vivir y sobrevivir en el realismo cotidiano’, de Trío Mudo´ se presentaba, esta vez sin la presencia de Damián (para mi gusto, que no tiene que ser el tuyo, el mejor batería que conozco de mi ciudad), y en una suerte de experimento sonoro, Antonio Acién a la guitarra española distorsionada de forma mediúmnica a través de pedaleras (cuerdas de nylon, podías sentir casi la sangre aflorando a las falanges en algunos tramos). La idea era establecer un hilo narrativo de extrema actualidad como es el problema de la vivienda con bisagras argumentales en forma de guiños muy concretos a escenas de las películas El Pisito y El Verdugo, apuntaladas luego por poemas musicalizados de Azcona elegidos para la ocasión para dar soporte emocional a lo visionado... todo ello con el prólogo de una apertura instrumental con un loop de capas que abrazaba el Drone.
Al contrario que otros eventos previos de
TRÍO MUDO como aquel fantástico
`Nosferatu, el Centenario del Vampiro´ o
`Cuarenta Años de Desencanto´ (también dentro del contexto del
MaF y alrededor del ahora más reivindicado que nunca,
Leopoldo María Panero y
El Desencanto, quizás uno de los documentales más impactantes que recuerde), esta vez la estructura era algo distinta. A los visuales / proyecciones siempre la figura de
Manolo Luque pero, en vez de un andamiaje en forma continua,
Antonio se encargaba de reconducirnos como maestro de ceremonias por lo que íbamos visionando y el por qué de los poemas elegidos.

Cierto que yo partía de una cierta duda (inquietud) inicial sobre si esas interrupciones iban a cortocircuitar en cierta manera ese trance existencial al que me gusta atarme (el Bondage oyente con el artista); dicho de otra manera, mis experiencias `en directo´ con TRÍO MUDO siempre han sido casi espirituales, catárticas en grado sumo, y poderosamente duras. Pero claro... una vez iniciado el asunto, los múltiples requiebros, detalles de guión casi simbólicos en Azcona, el uso de determinados planos (esa brutal secuencia en punto de fuga del final de El Verdugo) necesitaban de una cierta explicación o todo hubiera quedado enterrado en un sin sentido hermético.
Absolutamente apabullante ver cómo se conectan los problemas sociales de El Pisito (1959) y la vivienda con la situación actual y así, en agradable compañía, fueron destacándose unos temas al más puro estilo Acién.... la voz, una homilía con cadencia poética sin aburridos virtuosismos; dura, seca y punzante como el filo de una navaja y como los temas de los que tratan los poemas. Porque esto no es una ópera rock. Esto es un poemario musicalizado llevado al límite a través de pasar las cuerdas de nylon de la guitarra española por una distorsión controlada en volumen que subrayaba en los medidos momentos la intensidad de unos poemas, los de Fonollosa, que no se cortan un pelo en tratar controvertidos temas para la conservadora españa de la época (de las drogas a la prostitución, de la venganza al odio divino y de éste al amor cortés; de lo más ruín del ser humano al gnosticismo y al amor). Todo un inmenso puzzle que iba quedando simbólicamente definido en las pausas entre los temas que finalmente resolvían mi duda... no solo no interrumpen la atmósfera, sino que se hacían vitalmente necesarias.
La música a nivel estilístico transitaba por rumbas necróticas, tangos aclimatados y otros cortes incluso más atonales, acelerados e impulsivos como caballos desbocados (no sé definirlo mejor que como country para adictos al speed)... tanto es así, que dudé por la salud de los dedos de Acién (tampoco hubiera importado algo de sangre, que estábamos en familia). Muy, pero que muy difícil destacar uno sobre otro pero el final con "Sois Mezquinos, sois Viles" me puso los vellos de punta no solo por la dureza existencial del poema o la distorsión del sonido subrayando las inflexiones sino también por ese acojonante uso del silencio que siempre ha estado presente (llamadlo pausa si no queréis decir silencio) en Trio Mudo reforzando la estructura andalusí / mediterránea (en esencia) por la que transita el conjunto. "Me Maldigo en el Nombre de Dios" no se quedó atrás y creo que si se hubiera tocado con batería y eléctrica habría quedado absolutamente brillante. Ecos en la voz de `trovador´, de `pliegos de cordel´ y de `cantares de ciegos´. Flamenco fúnebre para "Entierro", con un poema de Fonollosa que es un Haiku de punta hueca.
Y más, mucho más. "No Tengo Más Remedio" sonando casi a guitarra eléctrica y con la sensación de que había más de 10 dedos tocando el instrumento o ese casi asfixiante flujo sostenido de "Tengo un Grito Formado en la Garganta". Si pudiendo venir te lo perdiste, pues lo siento por ti. Gracias al MaF por apostar por cosas que no huelan a rancio abolengo y por seguir poniendo en la palestra a uno de los tesoros más importantes y enterrados del panorama nacional musical... TRÍO MUDO.
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