miércoles, 30 de marzo de 2011

PER SECULA SECULORUM



Acercó lentamente la pistola a la sien, sintiendo el helado contacto del metal en los poros húmedos de su piel. Acarició el gatillo sintiendo la rigidez acerada del portador de muerte. Seis balas en el tambor y 100 de 100 opciones de deceso. Sudor frío en la frente y alma en estado de permagel...

Despierta y ve que es un sueño, que la pistola descansa a un lado de la mesita de noche. La cama bañada en sudor añejo y poco a poco va conectando nuevamente con la realidad. Nuevamente le asalta el mismo pensamiento: vida a término; fin de la existencia; mirar en el abismo para que éste devuelva la mirada... dulce remordimiento que le corroe lentamente y que sabe que le acompañará hasta el último segundo... ¿Por qué?... Dios Santo... ¿Por qué?...

¿PORQUÉ CONDENÉ AL NAZARENO A LA MUERTE?...

Pilatos se levantó de la cama y se miró en el espejo. Cogió el arma de la mesita de noche y sin vacilar se voló la tapa de los sesos, haciendo un collage de sesos, sangre y huesos en la pared. Tras cinco exactos minutos, sesos, sangre y huesos vuelven a su punto de partida, uniéndose como un perfecto puzzle más antiguo que el tiempo mismo, y Pilatos se levanta del suelo, apoya el arma en la mesita de noche y vuelve a acostarse, sumiéndose de nuevo en un sudoroso sueño...

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