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viernes, 12 de febrero de 2021

JAVIER ARNAL - "THE LIARS" (AUTOEDICIÓN, 2021)


La nueva entrega de Javier Arnal y Vera Acacio en forma de álbum es una espectral maraña ruidista, a la sazón llamada The Liars, y con invitados de excepción de una extraña banda )dicen ellos), pero que yo creo que de existir, son como la mítica Isla de San Borondón... o quizás sean músicos que habitan en la Calima y solo pueden verse si las circunstancias son las propicias. 

La primera pasada me pilla de sorpresa; siento tras los 45 minutos que me duelen las mandíbulas y que he estado apretando los dientes todo el rato de forma excesiva. A la decimonovena escucha estaba cubierto hasta los tobillos de polvo de hueso procedente de mi esmalte dental triturado hasta el hartazgo. Aunque luego me adentre más a fondo, la sensación que tienes en el disco es que un tipo fabricado de moléculas (Carbono y tal) y que venía de hacer unos discos muy pero que muy apañados, ha decidido que qué diablos, que él también quería experimentar... y así nos vamos a encontrar lisergia garrula, ritmos motorik aquí y allá, ambientes homiliescos y una fiereza fuera de lo común con acoples tan salvajes que se roza el Drone en algunos momentos. 

Primero fueron Canciones Defectuosas (aquí), que acabaron mutando de forma somática hacia Tus Besos (aquí) (juro que llegué a pensar "Querrá este tipo follarme?"). Nunca puedes fiarte de un ser antropomorfo semejante. Si a Lee Van Cleef le faltaba un dedo, a Javier Arnal las cuerdas vocales se le han trenzado en una sola... una sola que a ritmo de Hurdy Gurdy guturalísimo evoca a artistas como Lanegan, Waits, Micah P. Hinson y otros habitantes de las ciénagas. Cuando ya creía que lo nuestro iba en serio, resultó ser El Impostor (aquí) y yo, que tengo vocación de Santo y soy capaz de hacerle un puñetero bocadillo de caramelos pictolín a Javier si él con eso consigue sosiego no me esperaba, juro que no me esperaba, un disco tan bueno y del calado de (en mayúsculas) THE LIARS.

Como si de un chiste se tratara, un vasco, un danés, un madrileño, un catalán, una francesa y una australiana (no, no es un chiste Tipical Spanish) son la metáfora definitiva, el asalto metempsicótico a la fama, la última burla del impostor hacia un establishment de mierda en el que el objeto (entronización del vinilo como arma de control poblacional) se ha comido a la música. Esa que te dice que un tipo que llena cantimploras con el aguja de los cactus y cuyo refugio (La Casita Rosa) sirve para irse a grabar desnudo un temazo con la Magnética Presencia de Vera Acacio ha sacado uno de mis canditados ya a disco del año. Por cierto, impresionante como siempre la masterización de Julio Senmove (SÜDBLOCK ESTUDIOS) que respeta el canallesco ambiente sin emborronarlo ni dejarlo demasiado prístino... lo deja tal cual, con sus tropezones... y es que digo yo que lo que uno vomita porque no quiere puede ser la subsistencia alimenticia de otro.

El formato canción ha mutado en The Liars hacia otro lado, y me explico. Sí, también hay canciones con estructura definida pero lo que prima es un enriquecedor hálito lisérgico más ácido que el zumo de 100 pilas de litio sulfatadas. La vértebra del disco es el lánguido uso de los pedales de distorsión que a modo de sudario eléctrico agasajan al oyente con una muralla que a más volumen que le des, más física que se acaba convirtiendo. "Sweet Dreams" sutura heridas mediante hilo de echo, fuzz y sustain. Teclados oníricos de fondo avituallan el Spoken Word animalesco de Arnal, que usa su garganta como cámara de reverberación. 

Si me pellizcaran los pezones con unos alicates en una sesión de interrogación de la CIA, citaría la influencia de Carlos Desastre y sus ejercicios con la poesía, pero pronto entra ese Country desbocado de "The Liars", tan cargado de ambientes sureños, tan embebido de detalles Psych aquí y allá que cuando el tema arranca en toda su plenitud, con la voz en segundo plano de Vera siento levitar mis cojones.... sí, así es. A veces me levitan los cojones de felicidad cuando escucho algo que me eleva tanto. Se quedan ahí, suspendidos como esos viejos juegos en los que mantenías unas pelotas en el aire mediante un tubito que soplabas... y juego a contar cuántos segundos dura la levitación y hostias, porque no fumo, pero podría usar el espacio entre huevo y huevo para apoyar un cigarro. "The Liars" empieza como una canción sureña y acaba desparramándose de electricidad malsana por los cuatro costados; la batería más que tocar parece contener con arreones/golpes algo que se le está viniendo encima.

Ojito con el sincopado ritmo de "Dulce de Algodón". Simple y a la yugular, mitad poesía, mitad susurro, Javier algo de que dice que "pierde cosas por los rotos de su bolsillo", y vuelvo a acordarme de 713ºAMOR, y siento la crudeza de una guitarra que quizás se afinó en otra década. Como un pistón, puro Noise Rock como hacía tiempo que no escuchaba. Letras, silbidos, acoples y glisandos teratogénicos te sacan el alma como un alambre sacaba los sesos a los antiguos egipcios que eran dignos de mortaja. "Black Trees" no habita en el Tiempo Corriente sino en un lugar alternativo cargadísimo de Opiáceos. Funciona como Blues, como Balada e incluso como Vals. La puedes bailar (la percusión de orquestina invita a ello) o puedes ser uno de esos que observan en la esquina más alejada del guateque, ron en mano, pitillera en bolsillo, ladilla en gónadas, úlcera en estómago, cáncer (escondido) en víscera, oración en mente, estampita religiosa en la cartera, filia en contención química... algo así como una versión más musical de la colaboración de SUNNO))) con Scott Walker pero igualmente drónica.

Y así, como el que no quiere la cosa, "La Belleza" se permite lanzarse por derroteros de Kraut Psicotrónico (Space Rock aunque no te lo creas) en una inamovible melodía que avanza como un tanque al más puro estilo Heavy Psych. Salvaje, primitivo, instrumental y aerodinámico. Diez minutazos de caída libre que no desmerece en nada al Noise rock a la japonesa. En todo disco de estas características hay que redimirse, y la redención llega con "The Train", que se va abriendo en clave de Desert rock al más puro estilo Yawning Man o al menos a mi me lo parece; riffs de guitarra que parece humo salido de pebeteros con olor a Palo de Santo, doble juego de las guitarras, una apuntando a Orión, otra al centro terráqueo, y una batería introspectiva a media distancia entre ambos puntos. El nivel de alteración cognitiva es inversamente proporcional a leerse a Castaneda puesto de LSD, y si crees que sabes qué es esa sombra que hay en esa esquina, que por cierto no debiera estar ahí, posiblemente ha llegado la hora de que cojas tu jodido tren. Yo te pago el billete. No vuelvas, o te recibiré con una bala de algodón... una para cada fosa nasal. Disparo mortaja lo llamo yo.

Para terminar, "Fin" realza el cariz exploratorio y experimental del álbum, con voces en alemán y un fade out que vuelve al inicio del disco creando un Ouroboros perfecto. La Realidad es esa... Te Jodes.

Para conseguir el disco, puedes contactar con Javier en su página de Facebook. Si tarda en contestar es que no tiene cobertura en la cuneta.

https://www.facebook.com/javier.arnal1

2 comentarios:

  1. A sus pies que estarán a la sombra de su sombrero.

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  2. A los suyos y los de su esposa, es una suerte y honor haberlos conocido y disfrutado de su arte. Nos vemos pronto. Un abrazo.

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