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lunes, 12 de septiembre de 2022

PIANO SOUNDS (1983-2020). Obra pianística de Emilio Calandín (LIQUEN RECORDS LRCD015, 2020)

Piano Sounds, nueva edición dentro del catálogo de Liquen Records (Valencia), explora la obra pianística compositiva de Emilio Calandín (Valencia, 1958) abarcando un periplo que va desde inicios de los 80 hasta el presente. Generalmente, los discos de piano solista suelen atascárseme bastante a la hora de reseñarlos y creo que la razón primordial es mi falta de acervo musical; si son de base jazzística conecto mejor con las referencias pero en el caso de Calandín es la Clásica Contemporánea lo que abunda en su obra, terreno que controlo bastante menos. Pero claro, hay un detalle en las composiciones de Calandín que no puedo dejar pasar por alto; compone como un pintor y pinta notas como un poeta japonés compone Haikus. Dicho de otro modo, su por lo general aletargado tempo, su comedido uso del silencio y sus explosivos contrastes entre glissandos o clústeres de notas provocan en el oyente una compleja sensación de plenitud y casi de vértigo, de introspección y choque, de caída inversa..., pero no quiero adelantar demasiado. Lo que sí os pido es que perdonéis mi falta de conocimiento a la hora de expresar las técnicas y los posibles fallos que pueda cometer al describirlas. 

Cualquier atisbo de academicismo en mi prosa es pura coincidencia. Para cualquier duda, consulte en su Asklepeion más cercano. Sobrepasar las dosis, SIEMPRE.

Piano Sounds se edita en formato digipack con grabación / mezcla de Paz Guillem Martín y Ximo Calatayud Buñuel, siendo la masterización obra de Enrique Soriano que por cierto ha conseguido una consistencia y prístino sonido muy encomiables (creo que los detalles más concretos podéis leerlos mejor aquí). En los ropajes, maravilloso dibujo de Victoria Cano (os dejo enlace a su página). Para terminar los créditos, son los pianistas Antonio Morant Albelda, Bartomeu Jaume y Diego Fernández Magdaleno los encargados de dar vida a las composiciones de Calandín y os vuelvo a remitir al enlace a Liquen Records para que ahondéis en sus currículums y detalles de la obra, así no repito conceptos que puedan hacer muy farragosa la lectura.

Antonio Morant Albelda, Emilio Calandín, Diego Fernández Magdaleno i Bartomeu Jaume.

Diego Fernández Magdaleno abre con "Preludi, Riflesi e Trasparenze", dos obras en sí mismas, "Preludio", homenaje evidente a Erik Satie de 1983 y luego refundida en "Preludi, Riflesi e Transparenze" años más tarde para acompañar la exposición pictórica de la artista romana Hermana Galdi. Maravillosos tres minutos obsesivos y andantes, con ese regusto balsámico de las obras de Satie (Gymnopédie) pasada por cierto aire soñador, profundamente mediterráneo a la italiana hasta el punto de que me cuesta no pensar que podría haber adornado cualquier pasaje de Sacco y Vanzetti y aunque salvando las distancias, la composición exhala esa desenvoltura casi `de la infancia´ de las composiciones menos rocambolescas de Morricone (ese piano obsesivo en "Chi Mai"). Romanticismo e impresionismo dibujando en un lienzo musical al pie de un acantilado plagado de casitas encaladas, mediterráneo amable y tan transparente que el azul del cielo anula el horizonte.

A continuación Antonio Morant hace lo propio con "Ricercare" (1989), pieza que ya deja entrever la vanguardia de lo aleatorio en Calandín. Salto bastante contrastado con la primera pieza debido a la tremenda libertad que da Calandín a Morant a la hora de improvisar unas líneas lentas por lo general, rozando la música concreta y minimalista (estoy tentado de decir que usa recursos de la electroacústica), pero que de repente se ven subrayadas por exabruptos, caídas y movimientos juguetones, radicales y con notas tan cortas que parecen cuerdas pellizcadas. Es como si se le arrebatara la vibración a la nota antes de tiempo para que el efecto percusivo sea mayor. Maravilloso.

Bartomeu Jaume se encarga del bloque compuesto por "Voci del Fiume" (1993) y "Acróstico" (1995), de 9 y 15 minutos de duración respectivamente. "Voci del Fiume" se inspira en el Siddharta de Hesse y nos vuelve a mostrar a un Calandín que deja al intérprete espacio para hacer suya la obra. Sigue la pauta estilística del corte anterior pero quizás acentuando más ese toque sinusoidal (armónicos) de las notas, casi vibrafónicas y con un deje oriental no exento de cierta épica en los momentos en los que líneas más graves acechan los agudos... una especie de amenaza se cierne sobre el oyente que ve cómo la estructura se rompe y es agitado en un oleaje de notas donde vuelve a brillar la aleatoriedad. Mano derecha e izquierda dialogan en dos idiomas diferentes pero que pueden entenderse perfectamente el uno al otro, demostrando que la música en estado puro se mueve por sendas anti Babelianas. "Acróstico" sin embargo ya muestra un cambio de estilo importante; estructuralmente vertebrado a partir de traducir las notas a la poesía tradicional japonesa (Haiku), asistimos por tanto a pequeñas y reiteradas escalas que ascienden, paran y se puntúan por obsesivos juegos de dos notas y vuelta a las escalas en ascenso. 

El conjunto posee mucha carga dramática y resulta bastante exigente para el intérprete, que afortunadamente (Jaume) no solo la aborda a la perfección sino que la dota de una pasmosa fluidez. Los silencios, muy marcados, y el contraste muy evidente entre lentitud y bloques explosivos muy cortos definen sobre todo la composición a partir del minuto 7. El Haiku es silencioso por naturaleza pero Calandín lo pela como una fruta y lo lleva a un terreno distinto, como si hubiera resuelto algún tipo de enigma o enredo mental. 

Damos un salto a 2008 con "Tres Naipes del I Ching", dividida en 3 secciones cortas interpretadas por Antonio Morant. Abre "Ch´ien (lo creativo)", con mistérica apertura de cinco pellizcos del cordal que explotan en un agresivo vuelco sobre el teclado a lo Messiaen, dando una sensación de celeridad (lo creativo) a base de notas que estallan en contrapartida de otras que se ven arrasadas por golpes secos de la otra mano. Genial el cambio de registro en "Kuan (la contemplación)", cargada de cierta pesadumbre acaracolada, continuada por una incesante sucesión de notas agudas y todo un cortejo de recursos para finalizar con templanza y sosiego. Para terminar este bloque, "Sung (el conflicto)" se viste de abstracción y se torna mucho más orientalizante que las previas. Por cierto, maravillosa esa nota serrada con sordina que pone punto y final a cada episodio; una nota para el primer naipe (Ch´ien), dos para Kuan y tres para Sung.

Sigue Morant en "Epitafio" (2009), homenaje póstumo a Ramón Barce y de tono bastante fúnebre. Se usa el pedal y la resonancia como fondo para que esquirlas agudas y espaciadas de la mano derecha reciten su particular homilía de respeto al difunto. La última pieza, también interpretada por Morant, y de 2020, es un homenaje al que fuere profesor de Calandín, Francisco Llácer y como su nombre indica, "Fuga" derrama sus notas tal y como un pintor lleva su pincel cada vez más lento a ese lugar donde todo confluye.

http://liquenrecords.com/2020/11/22/piano-sounds-1983-2020-obra-pianistica-de-emilio-calandin/

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