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jueves, 21 de octubre de 2021

“Cuaderno “SÓNICO” de Canciones de Romero Esteo / Composiciones dedicadas a Romero Esteo” (TEATRO CÁNOVAS)

"He decidido que hoy es un extraño día para Dejar de Morir" Coronel Mortimer (21 del 10 de Ahora Mismo)

Aterrizo en el Teatro Cánovas para el homenaje a la figura del gran, `maldito´ para algunos (ahora se lleva mucho ese término para todo lo que es ecléctico o se sale del estándard... tendríamos que hacérnoslo ver como Sociedad) Miguel Romero Esteo (en mis estanterías anda su premiado libro Tartessos) para asistir (organizado por la Asociación Miguel Romero Esteo) a la primera actuación del ciclo `Otoño MRE 2021´. Lo primero es que aunque lo sabía de antemano, no puedo más que lamentarme que no haya sido posible reproducir el acto de Rafael Díaz: “Romancero de la mar y los barcos”, con textos de Miguel Romero Esteo y música de Rafael Díaz (obra para voz, violín, clarinete Sib, guitarra y teclado electrónico), así que del tirón se da comienzo a la ritual obra mediúmnica de Reyes Oteo, a la sazón brutalmente inclasificable.

“Adonía eléctrica para Romero Esteo” Op. 65, para tres elementos sensores electroacústicos es un viaje iniciátivo a través de un salvaje, agreste universo mental en el que KittKittPEOW!!!, alter-ego de Reyes, ofrece sus Dádivas bio electro acústicas en un Altar Psicológico muy ceremonial. Anclado en lo distópico pero que no por ello carece de una salvaje inventiva primitiva, Tartéssica en suma, ata pasado, presente y futuro en una singularidad sonora a caballo entre lo Industrial y el Noise. Dionisíacos dopplers como puntos de anclaje con la realidad, el uso de láseres y biosamplers engrandecen lo que considero una obra digna de desligarse de cualquier contexto académico y por tanto representarse sola como lo que es, una gran muestra de la enorme inventiva de una artista visual, sonora y psiconauta que te hierve las sinapsis o te las criogeniza para posterior uso. La obra de arte total es esa, la fusión casi (a lo Cronemberg) del músico con su instrumento y viceversa. O instrumento antropomórfico o Diosa del Sonido, cada cual elige el epíteto que más le covenga.

Lástima que lo que aquí veréis son las únicas dos fotografías que se me permitió lanzar antes de que (y eso que las hice muy a escondidas) me llamaran la atención y me cortaran ambos meñiques con un láser que afortunadamente me devolvieron en hielo a la salida. Como digo, hubo momentos sublimes como el despliegue de las alas del traje junto a ese instrumento de hierro sonorificado que parece sacado de Cabeza Borradora; cada vez que se producía un movimiento de las alas cambiaba el vibrátil pulso sonoro en lo que me pareció un Proto Techno, especie de EBM (en el más oscurísimo sentido del término) alucinante que se mezclaba con interludios en los que sonaban instrumentos de cuerda de corte Gamelan, recitados y múltiples detalles. Como digo, IMPRESIONANTE.

A continuación, Pedro Barrientos presenta “Irreverente llamada” Extractor de espectros. para cuarteto vocal. Las glosolalias vocales tenores de Barrientos se entrelazaron con el barítono masculino y dos voces femeninas, una más teatral y la otra en tonos agudos (perdóneseme mi falta de conocimientos musicales a la hora de las descripciones) en una original y satírica muestra / homenaje a la faceta de dramaturgo de Esteo. Partes más sobrias se alternaban con momentos de hilaridad en lo que resultó un bipolar viaje cuasi Lynchiano en el que disfruté sobre todo de las partes más oníricas (esas declamaciones potentísimas de "Miguel, ven!!!"). Se jugó con el simbolismo que estaba presente en los trajes de los intérpretes (desde la cabaretera al mono de obra, pasando por el rígido traje de cantante de ópera o el futurista cuero de Mátrix).

El colofón lo puso Diana Pérez Custodio en su obra “De profundis” para clarinete contrabajo en Sib y octeto de contrabajos. Grave y fúnebre, con ecos a Arvo PärtPenderecki, quedé extasiado ante las arremetidas abisales de ocho contrabajos sincronizados a la perfección, tocados con arco y cuyos marciales usos percusivos quedaban absolutamente fantásticos. Sensación de estar ante un litúrgico drone acústico donde el claustrofóbico Clarinete bajo servía de Caronte y unión entre los vivos y los muertos. Soberbio.

Termino satisfecho, cojo el petate existencial y me voy cagando soma a coger el bus nocturno. Gran evento.

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