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martes, 14 de enero de 2020

MIGUEL SOUTO - "UNTITLED II" (AUTOEDICIÓN, 2019)


Hace unos meses os traía reseñas sobre el coruñés MIGUEL SOUTO, en concreto la excelente Eurídice (reseña aquí) y el asfixiante drone catedralicio de The Lurking Fear en colaboración con Miguel A. García (reseña aquí). Ahora quisiera hablaros de su segundo volumen de la serie (in) titulada Untitled (los otros creo que están agotados y ya sabéis esa manía mía de no acercarme a lo digital salvo que me pongan una navaja en el subconsciente).

El impresionante artwork de Eloisse Louisse adorna una cassette limitada a 20 copias con dos cortes (uno por cara) bastante diferenciados entre sí. El caso es que "Silêncio", de 27 minutos de duración, es un drone mantenido en el tiempo, bastante sutil y lleno de motivos que apreciarás mejor si usas auriculares. Vibraciones circulares de lo que parecen cuencos tibetanos y campanillas dentro de un Muzak de raigambre cósmica que dibuja subidas y bajadas en la intensidad de las ondas que rozan el estado de embriaguez. 


Como suele pasar con este tipo de propuestas, tienes que estar en el momento y lugar adecuados ya que la escucha precisa de la complicidad del oyente. Ya sea como fondo y telar de una opresiva lectura o como música invocadora de Ondas Alfa, "Silêncio" se mueve dentro de la electro acústica en tanto en cuanto une lo analógico y lo procesado. Los motivos melódicos parecen pequeñas cajas de música que flotan dentro de una inmensa bola de melaza... si las notas musicales tuviesen peso molecular competirían en este mar de aceite para boquear y unirse al oxígeno en la superficie.

La Cara B se compone de los 25 minutos de "Altjeringa", término que en la mitología aborigen australiana hace referencia al Sueño Sagrado en el que los seres totémicos crearon al Mundo. Un agudísimo pitido va transformándose en notas más graves... sin prisa pero de forma expansiva (como la Creación) se van añadiendo otros sonidos que simplemente suben y bajan la afinación (octavas). No lo tengo claro pero el sonido elongado de fondo podría ser un loop de la nota metálica producida por un cuenco tibetano. 

Las ligeras variaciones sólo serán audibles si uno presta atención. Minimalista en extremo, esos sonidos que subían y bajaban se han convertido en una melodía simple de dos notas hipnóticas que se comen los minutos hasta el punto de que el pulso sonoro se funde con mis acúfenos.

No apto para todas las orejas.

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