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viernes, 21 de mayo de 2010

OLOR A VIEJO


Fruto de la España más auténtica y profunda, a finales de los 60, durante la década de los 70 y sobreviviendo como pudo durante los 80, el bolsilibro o novelita de "a duro" fue un emblema presente en todos los hogares españoles.

La novelita de a duro era de papel barato (pulpa de papel), de un tamaño de bolsillo adaptable a todas las situaciones y con unas portadas con tanto descaro que no dudaban en representar a galanes de la época en ellas. Oeste, Ciencia Ficción, Amor, Drama, Aventuras... cualquier género era bueno para los incombustibles autores de tan magnas obras.

Ahora bien... ¿quiénes eran los autores de los bolsilibros?...

Curtis Garland, Ralph Barby, Silver Kane, Joseph Berna, Clark Carrados, Lou Carrigan y un largo etcétera eran españoles de pura cepa que por imposiciones editoriales adoptaban sobrenombres americanos para darse más bombo del necesario (siempre parece que por tener un nombre extranjero el producto que vendes es superior al autóctono); mercenarios a sueldo sin escrúpulos estilísticos, sobrevivían a la época del hambre con su talento llegando a firmar varias novelitas mensuales. Algunos de éstos autores hoy en día son reputados escritores (Francisco González Ledesma alias Silver Kane ha ganado el Premio Planeta y hoy en día es uno de nuestros destacados autores de novela negra) y otros se han perdido en el limbo de lo perdido; algunos todavía en activo y otros que reniegan de su pasado, no podemos negar la asombrosa capacidad de supervivencia de éstos increíbles escritores todoterrenos.

Los plazos editoriales eran de risa y a veces tenían que ingeniárselas como podían para resolver una trama en el reducido espacio de 96 páginas más o menos; fruto de ésto, a veces encontramos tramas que no concuerdan, argumentos que se precipitan a una velocidad de vértigo, personajes secundarios que desaparecen como por arte de magia, romances intensos que acaban casi siempre en boda y que se desarrollan en un solo párrafo...

Las editoriales obligaban a los autores a que no utilizaran un lenguaje difícil para que se adaptaran al españolito de a pie y gracias a ésto la novelita de a duro fue la cartilla de aprendizaje de lectura de miles de personas que esperaban impacientemente a que cayeran en sus manos, para sentirse así protagonistas de sus aventuras en una época en la que la televisión no mandaba en nuestros hogares como hoy en día. El español de la época disfrutaba con creces leyendo nombres americanos y viajando al antiguo oeste para desafiar a todo un pueblo a punta de pistola (y si uno se ligaba a una damisela "de boca de fresa" y "pechos turgentes" pues mejor que mejor).

Por si todo ésto fuera poco, desarrollaban cualquier género sin hacerle ascos, desde la Ciencia Ficción y el Oeste hasta las novelas románticas y a veces incluso plagiando películas del momento de una forma descarada. Luego cada autor se "especializaba" en un género y llegaba a dominarlo con absoluta maestría: Ralph Barby para el terror, Curtis Garland terror y ciencia ficción, Silver Kane el Oeste, Clark Carrados todo lo que pillaba, Lou Carrigan la novela negra...

Los títulos de las novelas demostraban una imaginación sin límites dejándonos joyas como: "La mansión rezumó sangre", "El muerto está muy sano", "Me parece que he muerto", "Come, querida, come...", "Beirut; 40 grados a la sombra", "Budokas contra la gripe", "Petróleo a go-go", "Ojo por diente", "El asesino toca la zambomba"...

Se plagiaba todo, desde argumentos hasta títulos, portadas y libros famosos de la época. Para evitar los derechos de autor se les ocurrían genialidades como "Indiana James" en lugar de Indiana Jones, "Ranko" en lugar de Rambo, etc, etc.

A veces el autor no llegaba a fin de mes y publicaba diferentes novelas simultáneamente con diferentes pseudónimos siendo a veces una tarea críptica averiguar a quién corresponde tal o cual nombre. Lo cierto es que éstos escritores merecen un serio homenaje y es necesario que no se los condene al olvido ni se los trate como "inferiores" por el simple hecho de la dudosa calidad de la mayoría de sus textos de la época. Eran tiempos de dificultades y escribían como autómatas llegando a desarrollar a veces un estilo personal y propio que no les era permitido por las editoriales a todos ellos (los autores de más renombre y fama podían permitirse dicho lujo desarrollando textos inconfundibles que los diferenciaban de los demás y escapando a la censura de las editoriales, que lo que querían era un producto homogéneo y de fácil consumo que vendiera como rosquillas).

Los bolsilibros se leían en cualquier esquina, se llevaban en cualquier bolsillo, se cambiaban en los estancos, se vendían en las estaciones de autobuses y quioscos, se leían a escondidas de los adultos y hacían un poco más amena "la mili". Los autores a veces no dudaban en mostrarse políticamente incorrectos y encontrábamos en las tramas escenas de alto contenido violento y erótico hasta unos niveles que nos sorprenden hoy en día. Por todas éstas razones y además argumentando razones de higiene (los bolsilibros eran manoseados hasta el punto de perder las portadas y a veces portaban manchas de dudoso origen) eran prohibidas a los niños y adolescentes que en sus calenturientas mentes imaginaban como sería tal o cual novela en base a una portada tan llamativa y atrayente que a veces quitaba el sueño.

Otra cosa a destacar eran los estereotipos que encontrábamos en los textos; el hombre siempre era apuesto, fuerte y "de puños rápidos"; la mujer siempre femenina, delicada y de generosas proporciones curvilíneas; siempre se acababa en romance entre los protagonistas y las bodas eran cosa de un segundo; las tramas eran resueltas por los protagonistas en los últimos capítulos recalcando cada detalle para que el lector no se confundiera y comprendiera la novela correctamente; las escenas violentas eran descritas con todo lujo de detalles como si estuviésemos poniendo en palabras las escenas vistas en una película, no dudando ni un segundo en incluir detalles macabros hasta lo indecible...

Yo de pequeño ojeaba sin parar las novelitas de mi abuelo y alguna me provocó alguna que otra pesadilla; recuerdo que mi padre no quería que las leyera al considerarlas literatura basura (curiosamente él había leido bolsilibros hasta la saciedad) y como ya he dicho casi siempre se argumentaban razones de higiene ("a saber quién habrá tocado eso", "lávate las manos y tira esa porquería", "no leas eso y coge un buen libro"). Los nombres de aquellos enigmáticos autores me sugerían mil y una historias que la mayoría de las veces existían sólo en mi cabeza y que poco se correspondían con el verdadero contenido del librito, y es que en la mente de un pequeñajo como yo lo importante era la sensación de peligro y aventuras y no el contenido.

Podríamos decir que para los adolescentes de la época las novelitas eran tan prohibitivas como las películas de Pajares y Esteso...

Para bien o para mal (creo que para mal) el bolsilibro se ha hundido para siempre en el abismo del olvido al que van las cosas de nuestra infancia y que por desgracia ya nunca recuperarán el brillo intangible de lo otrora vivido.

Si no hacéis asco a papeles añejos y viejos, manchados y roídos por vete a saber qué, os animo a desempolvar los viejos armarios de vuestras casas y buscar alguna de éstas reliquias que duermen el sueño de los justos. Encontraréis un lenguaje a veces soez y otras veces rayando la pura genialidad, tramas imposibles, nombres absurdos hasta la saciedad, situaciones altamente rocambolescas y por encima de todo, diversión sin pretensiones hasta el infinito... y quién sabe, quizás os encontréis alguna que otra sorpresa y descubráis auténticas joyas perdidas de nuestra literatura popular.

1 comentario:

  1. no se porqué soleis ignorar a uno de mis favoritos Burton Hare. Por cierto, llegaste a vivir el apogeo de este tipo de literarura popular o te pillo como a mi en sus postrimerías?

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